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Abastecimiento

Cómo elegir un distribuidor de medicamentos para tu farmacia

6 min de lectura

Casi todas las farmacias eligen distribuidor por una sola razón: el precio de la primera cotización. Y casi todas terminan cambiando de distribuidor por razones muy distintas: porque no había existencia justo cuando más se vendía, porque la entrega llegó tres días tarde, porque el producto venía con seis semanas de caducidad, o porque nadie contestaba el teléfono un viernes por la tarde.

El costo de un mal proveedor no aparece en la factura. Aparece en el cliente que entró pidiendo una clave, no la tenías, y se fue a la farmacia de enfrente — y ya no volvió, porque descubrió que enfrente sí la tienen siempre.

1. Amplitud real del surtido, no del catálogo

Un catálogo con miles de claves no sirve de nada si la mitad está agotada. Lo que hay que preguntar no es «¿cuántos productos manejan?», sino «¿qué porcentaje de mi pedido me surtieron completo el mes pasado?».

Ese número —el nivel de surtido— es el indicador que de verdad importa. Un distribuidor que te surte el 95 % de lo que pides te sirve más que uno con el doble de catálogo que te surte el 70 %, porque cada clave faltante te obliga a hacer un segundo pedido a otro proveedor, con otro flete y otra factura.

2. Que cubra varias categorías, no sólo medicamento

Una farmacia no vive sólo del medicamento. Vive del ticket completo: el cliente que entra por un analgésico y sale con shampoo, pañal y un desodorante. Si tienes que comprarle el medicamento a un proveedor, la higiene a otro y el material de curación a un tercero, estás pagando tres fletes, llevando tres cuentas y persiguiendo tres facturas.

Un distribuidor que maneje genérico, ético, popular, naturista, material de curación, higiene, perfumería y línea de bebé te ahorra más en tiempo administrativo que lo que te ahorrarías comprando cada categoría con el más barato de cada una.

3. El precio real, no el de la lista

El precio de lista es el punto de partida, no el final. Lo que hay que comparar es el costo puesto en tu anaquel:

  • El precio de la clave.
  • El flete, si lo hay, dividido entre las piezas del pedido.
  • El costo financiero de tu pedido mínimo: si te obligan a comprar tres veces más de lo que vendes al mes, ese inventario parado es dinero tuyo detenido.
  • Lo que pierdes por mermas si el producto llega con poca caducidad.

Un proveedor un 3 % más caro que te surte completo, entrega a tiempo y acepta pedidos chicos suele salir más barato que uno «económico» con pedido mínimo alto.

4. Tiempo de entrega y, sobre todo, previsibilidad

Que tarde 24 o 48 horas importa menos de lo que parece. Lo que importa es que siempre tarde lo mismo, porque sobre eso planeas tu resurtido. Un proveedor que entrega en 48 horas de forma confiable es mejor socio que uno que a veces entrega en 24 y a veces en cinco días.

Pregunta explícitamente: ¿hasta qué hora puedo pedir para que salga hoy? ¿Qué días pasan por mi zona? ¿Qué pasa si no estoy cuando llegan?

5. Caducidades

Este punto se olvida hasta que duele. Exige saber con qué caducidad mínima te van a entregar. Recibir producto con menos de seis meses de vida útil, en claves de rotación lenta, es prácticamente regalarle dinero al proveedor.

Y pregunta también por la política de canje: si una clave no rotó y está por caducar, ¿la reciben a cambio? La respuesta a esa pregunta separa a los proveedores que quieren venderte una vez de los que quieren venderte diez años.

6. Documentación en regla

Todo el producto que entra a tu farmacia debe venir de un establecimiento con la documentación sanitaria en orden, con registro sanitario vigente y con la trazabilidad correspondiente. Esto no es un detalle burocrático: si te llega una verificación y no puedes demostrar de dónde salió lo que tienes en anaquel, el problema es tuyo, no de tu proveedor.

Pide factura de todo, siempre, y guarda el respaldo. Desconfía de cualquier oferta que llegue sin factura o con un precio que no tiene explicación posible.

7. Facturación limpia

Suena administrativo y aburrido, y es donde se pierden más horas al mes. Que la factura llegue con la entrega, con los datos correctos, con las claves bien descritas y sin diferencias entre lo que dice el papel y lo que trae la caja. Un proveedor que te obliga a perseguir facturas te está cobrando en tiempo lo que te descontó en precio.

8. Que del otro lado haya una persona

Este es el criterio que menos se pone en las comparativas y el que más pesa en el día a día. La diferencia entre un conmutador y un asesor que conoce tu farmacia es enorme: el asesor te avisa cuando cae una oferta de la línea que más mueves, te sugiere un sustituto cuando una clave está en falta nacional, y te dice la verdad cuando algo no va a llegar a tiempo, en vez de dejarte esperando.

Cómo probar a un proveedor sin arriesgar

No cambies todo tu abasto de golpe. Haz esto:

  1. Arma un pedido de prueba con 15 o 20 claves que conozcas bien de precio.
  2. Incluye a propósito dos o tres claves difíciles, de las que se agotan seguido.
  3. Mide tres cosas: cuánto te surtieron completo, cuánto tardaron y con qué caducidad llegó el producto.
  4. Repite el ejercicio un mes después. Un proveedor bueno se ve en la segunda entrega, no en la primera: la primera todo mundo la cuida.

Si quieres hacer esa prueba con nosotros, puedes armar tu pedido desde el catálogo o darte de alta como cliente para que te compartamos la lista de precios que corresponde a tu volumen. Llevamos más de veinte años surtiendo farmacias en Tijuana y la región, y el pedido de prueba es la mejor forma de que compruebes si te servimos.

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